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En la tradición metálica de Suecia, el Black Metal ocupa un lugar especial donde priman comúnmente el Death y el Heavy de viejo cuño. Marduk, probablemente la banda más importante del género en dicho país, la tiene clara cuando se trata de defender a muerte los valores de un estilo musical que va de la mano con la muerte y todo lo abominable que sea capaz de vomitar el ser humano, como lo viene haciendo durante más de 30 años de carrera. Es la división pánzer de la oleada nórdica que asoló las regiones heladas de Europa y llamó la atención en latitudes impensadas, Chile entre éstas.

La promoción de su reciente lanzamiento titulado Memento Mori  editado en septiembre pasado, no se tome como una excusa, sino que reafirma la vigencia de Marduk más allá de una época determinada. Y es que cuando tienes a un líder e ideólogo como Evil Morgan al frente de las huestes suecas desde 1990 y componiendo riffs sacados de un plano prohibido, se entiende con toda razón el porqué Marduk genera tanto revuelo en su fanaticada al sur del mundo. O al sur del cielo, como dice Slayer.

Como una patada a la puerta, abrió el sabbath en Sala Metrónomo el Death-Thrash a la antigua de Mayhemic. Cultivando un sonido primigenio a la usanza de los primeros Sepultura, Dark Angel y Sarcofago, y sin concesión a nada que no sea su hálito de caos y violencia desde la tripa, no hay lugar a la duda cuando se trata de sonar rápido y visceral. ‘Extinction & Misery’, ‘The Last Judgment’, ‘Toba’ y ‘Volcanic Blast’ son una pasada breve pero escalofriante por el presente de un grupo que come y respira odio hecho música hasta el sudor. Siempre reduciendo su fórmula hasta la mínima expresión y enfocados en la hondura emocional que implica tocar esta música, es un orgullo presenciar el despliegue de talento y rabia que le da Mayhemic un nombre de peso en las camadas actuales del Metal Chileno. A la antigua, y sin ningún aditivo ajeno a las ganas de mandar todo a la cresta.

El Black Metal químicamente puro de Necranastasis también tenía que decir lo suyo. Una discografía conformada por un demo, un split con Grimorio y un EP, es suficiente para resumir una carrera que le basta al menos media hora para dejarte exhausto. ‘Total Holocaust’, ‘Necroritualistic Summoning’, ‘K’aux Kreen’ y ‘Majestic Supremacy’, todos bombazos del estilo en su forma más purista y blasfema. Como tiene que ser, anti-musical y parido desde la entraña.

Con el recinto ya copado en su aforo, y puntualidad impecable, la arrancada con ‘On Darkened Wings’ nos sumerge en un nuevo ritual de odio. Con Mortuus a la cabeza, Marduk no te viene con dobles intenciones, sino al grano y arrasando con todo a su paso. Igual que en la más Death-Metalera “Viktoria”, una canción hecha para cantar con puño en alto y cuya intensidad volcánica basta para echarse al público al bolsillo como la corrección política. Sin duda, hay un despliegue instrumental que no se compara con el virtuosismo, sino con las ganas de quemar todo y cortarle el cuello al mundo.

Con los fans ya entregados y coreando el nombre de la banda en medio de la tormenta sonora, ‘The Blond Beast’ acecha a su presa sin alternativa a nada que no sea la hora fatal. Es lo que te hace sentir Marduk a base una jerarquía pulida a fuego y sangre, así como el Blast-Beat a muerte en ‘Beyond the Grace of God’ lo grafica sin eufemismos. Son esos pasajes donde Mortuus profiere lo peor de la condición humana mientras Evil Morgan campeona como riffmaster y responsable de la carnicería sónica en una atmósfera tan sofocante como magnánima. Y es ese toque atmosférico lo que le da a Marduk un sello único, con el cual ‘With Satan and Victorious Weapons’ se impone como un himno absoluto. Un bombardeo de música oscura y, sobretodo, podrida hasta la médula.

La seguidilla con ‘Wartheland’, ‘Blood of the Funeral’ y ‘The Levelling Dust’ es matadora. Sobretodo la última, donde Marduk deja en claro que en medio de la podredumbre de su firma hay espacio para la musicalidad y el nivel de las canciones. Y ahí es donde el despliegue de Simon en la batería, dentro de lo maravillosa que es en toda la presentación, reluce como una cátedra de efectividad en una banda que se mantiene aceitada. No se explica de otra forma el nivel con que ‘The Funeral Seemed to Be Endless’, con su descarga black-speed al estilo de Deströyer 666, barre con todo a su paso.

‘Of Hell’s Fire’ y, sobretodo, ‘Throne of Rats’, exudan energía y rabia a niveles humanos. Y destacamos lo que ocurre en ‘Wolves’, el bramido de los lobos que acechan a las ovejas y a toda presa cercana. Lo que encarna Marduk en su esencia. En la misma senda que Dark Funeral, Funeral Mist y Watain, los nombres más importantes del género en Suecia. Marduk suena grande, enorme, sin lugar a ningún bache de duda. Donde radica el éxito de una agrupación icónica, en el tema que lo hace distinto y, a la vez, en la misma sintonía que la tradición blackera de Noruega.

El cierre con ‘Panzer Division Marduk’, el himno de Marduk por excelencia, lo es todo. Mortuus presentando el tema e incentivando al público a gritar más fuerte el título, una postal de antología y definitiva. Si Marduk se ganó un lugar, es porque definió o ayudó a definir la identidad de un estilo que sembró el caos y la muerte en Europa del norte. La menos es la reflexión dentro de lo satisfechos que nos sentimos tras una hora y 20 minutos de música extrema en su forma más bestial. No quepa duda sobre lo que es capaz de generar Marduk en el directo, un funeral de lobos que reúne a toda la manada en un cielo ardiente. Como tiene que ser el Black Metal.

 

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