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Hace ya algunos años, escuché a un productor musical decir que para una banda una carrera de 5 años era más que suficiente para dejar su impronta dentro de la industria de la música, si por alguna razón consideramos esta sentencia como cierta creo que no hay ninguna necesidad de reflexionar sobre lo que Judas Priest significa para el metal y la huella indeleble que ha marcado en la historia lo largo de sus ya casi 54 años de existencia (sumando claro está el hiato entre 1992 y 1996 luego de la marcha de Halford y el ingreso de Ripper Owens).

Tener entonces la oportunidad de ver nuevamente en directo a una banda considerada pilar absoluto del Heavy Metal a nivel mundial es algo difícil de describir, pero si adicionalmente viene bajo la etiqueta del KnotFest y acompañados por una verdadera leyenda del metal argentino con 34 años de existencia dando la cara por el rock pesado estamos hablando de una ocasión única e irrepetible, dos leyendas vivientes en un escenario de lujo como el Movistar Arena ¿se podía pedir más?.

Esa tarde del 13 de diciembre a la ansiedad de la previa de cualquier recital se sumaba la del mundial de futbol y el reciente triunfo de la selección Argentina ante Croacia por 3 goles a 0 que ponía todo un país a soñar con la tercera estrella (magníficamente obtenida, por cierto) lo cual ya nos daba un pantallazo de lo que a nivel anímico podíamos esperar de un recital de esta magnitud.

El ingreso al recinto se desarrolló normal y puntualmente, aunque hubo algunos casos de errores de lectura en el código de barra de algunas entradas, la organización actuó rápidamente y la contingencia fue subsanada sin que por ello se viese afectado el cronograma
previamente anunciado, por lo cual, a la hora señalada comenzaba la descarga metálica de la noche con la gente de Horcas.

¿En verdad hay alguna cosa que decir sobre Horcas que no se haya dicho ya?, lo dudo mucho, una banda emblemática, irreductible, que no ha cedido ni un ápice en sus convicciones a pesar de los vaivenes de su historia, una banda que ha pasado literalmente por todo lo que se puede pasar pero que, aun asi sigue en pie y en muy buena forma, dejando tras de sí una serie de placas discográficas inolvidables.

9 temas conformaron la andanada de Metal Argento por parte de Horcas durante la noche del 13 de diciembre bajo la cúpula del Movistar Arena de Buenos Aires, iniciando con “Solución Suicida” (vaya manera de arrancar), pasando por los ineludibles “Fuego”, “Argentina tus Hijos

Y uno de mis favoritos “En la Jaula” para cerrar con el gran clásico de V8Destrucción” la cual literalmente enloqueció a todos los presentes. Horcas suena increíblemente bien y compacta, con un Walter Meza pletórico en las voces el cual (fiel a su costumbre), no paró de arengar a una audiencia que respondía sin titubeos a cada una de las requisiciones del cantante, ya sea gritando a viva voz, agitando sin parar o pogueando.

Por supuesto Walter Meza aprovechó para reflexionar sobre la unión que la copa mundial de futbol había traído al país y la realidad de una clase política ciega que se niega a ver las necesidades de la gente, siendo absolutamente vitoreado por el público.

Se despidieron luego de una actuación impecable, dejando bien en claro que Horcas luego de 34 años de historia, no solo le ganó al olvido, sino que venció, vence y seguirá venciendo eternamente.

Llegaba el tiempo de la prédica más esperada, se acercaba el momento en el cual los sacerdotes de judas iniciarían una multitudinaria liturgia más en Buenos Aires y así luego de un preludio donde el clásico “War Pigs” de Black Sabbath sonaba a todo dar, el apagón de las luces, el intro y el consabido tridente iluminado (símbolo eterno de los Priest) arrancó un rugido atronador del público asistente, el cual se acrecentó cuando los acordes de “Hellion/Electric Eye” inundaron las paredes de un colmado Movistar Arena (donde dicho sea de paso ya había sido colgado el cartel de “sold out”).

Finalmente, allí estaban ellos, luego de 4 años de ausencia, esa especie de pentágono de metal haciendo de las suyas sobre un escenario donde la atención de la mayoría se centraba en el único, inigualable e ineludible “Metal GodRob Halford. Luego de “Electric Eye” le siguen rápidamente “Riding on the Wind”, “You´ve Got Another Thing Comin 39;”, “Jawbreaker” y “Firepower” quedando muy claro para todos los presentes que Judas Priest está mas vivo que nunca y que sigue siendo una verdadera maquinaria de heavy metal (¿en serio hay alguien que piense otra cosa?).

Ciertamente esta encarnación de los “Priest” no tiene a los históricos K.K. Downing (quien abandonó la banda en el 2011) y Glenn Tipton (quien se vio aquejado por el mal de Parquinson en 2017) pero sus reemplazantes Richie Faulkner (Lauren Harris band) y Andy Sneap (reconocido productor musical y guitarrista de Metal Sabbat) cubren los puestos con dignidad, soltura y precisión, se los nota cómodos, sueltos, sin tratar de imitar a sus predecesores pero respetando fielmente su legado añadiéndole por supuesto un toque personal que ha inyectado nueva vida esta icónica banda.

Llega el momento de un clásico como “Turbo Lover” donde hacia el final proyectaron en las pantallas la imagen del gran capitán argentino Lionel Messi lo que hizo que el Movistar Arena se viniese abajo literalmente ante este sencillo homenaje a una de las figuras más influyentes y determinantes del futbol mundial, este sentimiento fue reforzado cuando el baterista Scott Travis se dirigió a las masas diciendo “Argentina 3, Croacia 0”, evidentemente las risas y los gritos de “Argentina, Argentina” no se hicieron esperar.

En líneas generales el escenario está muy bien montado y el juego de luces es absolutamente impecable, Judas (entre tanto) va arrojando clásico tras clásico, enloqueciendo a la ya descontrolada audiencia que no paraba de cantar “Between the Hammer and the Anvil,” “Metal Gods”, “The Green Manalishi (With the Two Prong Crown)” suenan increíblemente bien, con un Rob Halford haciendo un trabajo vocal increible para sus 71 años, manejando muy bien su ahora acotado registro y buscando las mejores alternativas para no forzar demasiado sus cuerdas vocales ni salirse de tono, aunque en casos como el de “Painkiller” resulta un poco chocante el cambio vocal ¿Qué mas le vamos a pedir al Metal God a estas alturas?.


Luego de algunos juegos vocales de Halford con el público y de la característica “falsa salida” o “falso final” (como quieran llamarlo), el claro rugido de un motor anunciaba uno de los momentos mas esperados, uno de los puntos álgidos en cualquier show de Judas Priest, la salida del vocalista montado en una motocicleta como preludio a los acordes de “Hell Bent for Leather” causó un verdadero pandemónium que ya no pudo ser calmado, si bien se sabía que el show estaba por terminar el público quería mucho más, pero así son las cosas y “Breaking the Law” junto a “Living After Midnight” le pusieron punto final a un show histórico, épico, como pocas veces podemos ver y que hizo que mucha gente renovase argumentos para continuar siendo defensores de la fe por el metal.

Crónica por:
PD: Mil gracias Headbangers Latinoamérica por permitir la cobertura y a Gaby Sisti Press por
toda la colaboración y atención prestada.

Producción: MOVE Concerts Argentina
Prensa: Gaby Sisti Press


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